La primera vez que alguien me habló de “una miel de Nepal que te calma”, me eché a reír. La miel es miel, ¿no? Entonces intenté buscar información y me topé con lo peor de Internet: mitos descabellados por un lado, frascos sospechosamente baratos por el otro, y nadie —nadie— que pudiera explicar con palabras sencillas qué es realmente esto.
Así que hice algo un poco descabellado: me subí a un avión con destino a Nepal para verlo con mis propios ojos. Lo que descubrí allí es la explicación que estás a punto de recibir: sin mitos y sin necesidad de tener una licenciatura en química.










